El testimonio de Adrienne Vinciguerra en Un siglo de curación por la Ciencia Cristiana

5 noviembre 2021

Image of one of the watchtowers where the soldiers overlooked the barbed wire fence around the camp. They were equipped with searchlights and machine guns to prevent escapes from the STALAG. Circa 1942. Courtesy of Documentation centre of Austrian resistance, DÖW.

Imagen de una de las torres de vigilancia desde la que los soldados dominaban el campo cercado con alambre de púas. Estaban equipadas con reflectores y ametralladoras para evitar fugas del STALAG. Alrededor de 1942. Cortesía del Centro de Documentación de la Resistencia Austriaca (DÖW).

En 1966, cien años después del descubrimiento de la Ciencia Cristiana por parte de Mary Baker Eddy, La Sociedad Editora de la Ciencia Cristiana publicó Un siglo de curación por la Ciencia Cristiana. El libro —una recopilación de relatos de curaciones que ocurrieron en el transcurso de varias décadas— incluyó una historia hasta entonces no publicada: el testimonio de Adrienne Vinciguerra (1918-1995), en el que ella narra sus experiencias en la Segunda Guerra Mundial.1

Vinciguerra declaró que, después de conocer la Ciencia Cristiana, escapó de un campo nazi de prisioneros y atravesó el Tercer Reich, procurando conocer más acerca de esta religión. A veces se le pregunta a la Biblioteca Mary Baker Eddy si este relato es verdadero. Se nos consulta además si Un siglo de curación por la Ciencia Cristiana fue descontinuado por el hecho de que este testimonio no era auténtico.

Tras haber investigado en nuestros archivos y otras fuentes disponibles, comprendemos por qué se plantearon esas dudas durante varias décadas. A medida que salga a luz más información, quizás haya más por comprender. Le presentamos a continuación los resultados de nuestra investigación hasta este momento.

Lily Adrienne Vinciguerra nació el 9 de febrero de 1918 en Viena, Austria. Fue hija de August Vinciguerra y Blanche Mabel Hobling.2 Su madre murió cuando ella tenía nueve años. En 1939, un año después de que Austria cayera bajo control nazi, se casó con Desider Hajas de Simonyi (1914–1970), de nacionalidad húngara (también conocido con el nombre alemán de Dominik Hartmann). Según Vinciguerra, su esposo prestó servicio en el ejército alemán. Se divorciaron después de que terminó la guerra.3 Esta información biográfica se basa en relatos de la propia Vinciguerra; es necesario seguir investigando para confirmarla.

Según Un siglo de curación, el testimonio de Vinciguerra “[s]e ofrece aquí con los detalles originales completos”. Sin embargo, el relato fue una transcripción editada de una grabación de audio que Vinciguerra hizo en 1963 a solicitud de La Iglesia Madre. El siguiente es un ejemplo de las diferencias entre los dos relatos. El testimonio publicado comienza diciendo lo siguiente:

Me encontraba viviendo en Austria. Fue en el año 1942. Estaba en aquella época en Stalag 17A y era prisionera de guerra en un campo de concentración en la frontera de Hungría. Se encontraban allí otras personas jóvenes como yo, cuyos padres trabajaban en el movimiento clandestino de resistencia.4

Al mismo tiempo, según la transcripción de la grabación Vinciguerra dijo:

Yo estaba en Stalag 17A… un lugar para jóvenes cuyos padres trabajaban en el movimiento clandestino de resistencia, personas que no eran judías pero sí indeseables y que no servían para mucho, por lo que nos mantenían en ese campo…5

View of STALAG camp

Vista general del campo y sus cuarteles, vistos desde el norte, alrededor de 1946. Cortesía de Museums und Kulturverein Kaisersteinbruch (MuK).

 

Vinciguerra también declaró en la cinta que “había otros jóvenes austriacos [en el Stalag 17A] que estaban allí por la misma razón que yo, pero básicamente era un campo de prisioneros de guerra para ciudadanos franceses, y para prisioneros de guerra franceses y rusos”. En una conversación telefónica con un empleado de La Iglesia Madre, ella explicó lo siguiente:

…yo estaba allí debido al trabajo de mi padre, pero era un campo de prisioneros de guerra… Estábamos allí porque al no ser judíos no podían ponernos en campos de concentración, pero al mismo tiempo tenían que ponernos en algún lugar cercado con alambre de púas porque consideraban que no éramos del todo confiables. Nos trataban de manera atroz, pero no era un campo de concentración. El objetivo era la detención; es decir, nadie salía. Yo fui la única que logró salir de ese lugar. Nadie salía. Todos los demás tuvieron que esperar hasta la llegada de los americanos en 1945. No era posible escapar…6

Los investigadores de la Biblioteca supieron más acerca del Stalag 17A con el relato de Constantin Joffé, un ex prisionero de guerra francés. En su libro de 1943 We were free [Éramos libres], Joffé escribió acerca de su confinamiento en ese campo.7 Una reseña del libro publicada por The New York Times dio la siguiente explicación acerca de las condiciones del lugar:

El campo de prisioneros en el que Joffé y otras 90.000 personas estuvieron confinadas estaba situado en Kaisersteinbruch, Austria, cerca de la frontera con Hungría, y se le conocía como Stalag XVII A. Las condiciones de vida eran espantosas. La higiene era casi inexistente. La suciedad, la ropa hecha harapos, el frío y la enfermedad eran la vida misma. La comida consistía en una taza de algo parecido al café de bellota, seis rebanadas y media de pan y dos tazas de sopa al día.

Joffé describió la sopa así:

Papas negras podridas y casi líquidas, echadas al agua sin pelar y sin lavar, con una pizca de sal, un poco de margarina, y servidas cocidas; la mezcla olía más a suciedad que a comida. Estoy seguro de que ni siquiera un animal podría haber comido ese “delicioso” potaje. La primera vez que me lo pusieron delante no pude ni probarlo, tenía un olor tan fuerte que me hizo vomitar. Después, cuando el hambre mitigó nuestra distinción de las diferencias, mis compañeros y yo hacíamos un esfuerzo por comerlo.

El crítico del Times resumió varios puntos del relato de Joffé que pueden ayudar a evaluar las afirmaciones de Vinciguerra:

Los hombres se enfermaban y morían. Trabajaban duramente en las minas de sal y en las carreteras. Algunos eran torturados; todos eran constantemente humillados. Pero unos pocos escapaban y seguían escapando. Algunos de los guardias militares austríacos resultaron ser violentos antinazis con convicciones socialistas o comunistas.8

En la grabación, Vinciguerra rememoró que en setiembre de 1942 le “concedieron dos semanas de permiso para ver a un oculista en Wiesbaden”. Durante la consulta el médico le regaló el libro de Eddy Ciencia y Salud con la Llave de las Escrituras, y un ejemplar alemán de El Heraldo de la Ciencia Cristiana. En su viaje de regreso al Stalag 17A, Vinciguerra se procuró una Biblia.9

B. Crandell Epps, quien participó en la preparación de Un siglo de curación, puso en duda la afirmación de Vinciguerra de que había viajado sola desde el campamento hasta Wiesbaden, a unos 800 kilómetros.10 Durante una conversación telefónica le preguntó a Vinciguerra por el viaje:

Entonces usted tenía una especie de pase, y ellos quizás pensaron que sin sus documentos de identidad y sus cartillas de racionamiento usted tendría que volver. ¿Fue así? Me refiero a cuando la dejaron ir a ver al médico…

Ella respondió:

En realidad, no. Le explico: en la Alemania nazi todo estaba bajo estricto control; si a alguien le daban un pase para ir a Wiesbaden no era humanamente posible ir a ningún otro lugar excepto allí. Todo estaba vigilado, controlado; fuera adonde fuera a uno lo vigilaban…11

Vinciguerra contó en su relato publicado que lo que había estado leyendo en Ciencia y Salud tuvo un efecto inmediato. Cuando regresó de Wiesbaden al campo, sostuvo: “Fue suficiente como para que la expresión de mi rostro cambiara tanto que muchas de las personas que me vieron en el campo no me reconocieron”. Contó que estudiaba la Biblia y Ciencia y Salud “día y noche”, y que el estudio absorbía todos sus pensamientos. “Me sentaba en la única habitación que teníamos —éramos doce mujeres en una habitación— con una bombilla en el techo”, rememoró. “Me sentaba en el piso y pasaba cada minuto que podía estudiando”.

Algunos meses más tarde, tuvo una revelación:

…de pronto tuve una vislumbre de lo que es el hombre: la imagen y semejanza espiritual de Dios. Fue como si una niebla se disipara; percibí que el hombre —como realmente es— no puede ser detenido en una prisión, ni puede estar confinado en un campo de prisioneros, pues es tan ilimitado y libre como Dios. Prácticamente parecía ridículo pensar que el hombre pudiera ser retenido detrás de una cerca alambrada o confinado dentro de algo.

Y según su relato, con eso simplemente salió caminando del Stalag 17A en enero de 1943 “a plena luz del día”, con nada más que unos pocos efectos personales y sus libros. Nadie la detuvo.12

Después de caminar durante dos horas, tomó un tren con dirección a Viena. Su motivo para escapar era aprender más acerca de la Ciencia Cristiana y encontrar a alguien que pudiera contestar sus muchas preguntas. Sin embargo, a quien encontró primero fue a su padre, y ella le pidió dinero. Aunque no es parte de su testimonio impreso, ella declaró en la grabación de audio que más tarde él sería ejecutado por traición. Posteriormente, en la llamada telefónica que tuvo con Epps el 22 de junio de 1965, se rectificó y dijo que su padre no había sido ejecutado, sino que se había suicidado “para evitar ser ejecutado”.13

Según Vinciguerra, 1943 fue un año decisivo para ella. Tras una breve estadía en Viena, donde por primera vez encontró a otro Científico Cristiano, se aventuró al norte, a las ciudades de Breslau, Berlín, Rostock y Hamburgo. Se quedó en el balneario abandonado de Warnemünde, a orillas del Mar Báltico, para estar cerca de una anciana Científica Cristiana, que contestó sus preguntas y “no tenía miedo”.

Vinciguerra testificó que, aunque no tenía documentos de identidad ni cartillas de racionamiento, pudo viajar y regresó a Viena a fines de 1943. Es probable que haya vivido en esa ciudad con María Band, otra Científica Cristiana. Veintidós años más tarde, Band asistió a la Asamblea Anual de La Iglesia Madre de 1965 en Boston. Mientras estaba allí, Epps la entrevistó acerca de la veracidad del relato de Vinciguerra. Band confirmó que Vinciguerra —a quien por entonces conocía desde hacía 22 años— le había contado de su encarcelamiento, la forma en que conoció la Ciencia Cristiana y su escape del Stalag 17A, así como otros detalles.

Epps le preguntó a Band acerca de la supuesta estadía de Vinciguerra en Wiesbaden. “No creo que le permitieran a nadie salir de los campos de concentración”, señaló (aparentemente no distinguiendo los campos de concentración de los campos de prisioneros de guerra), “pero dijo que tenía un pase de dos semanas para salir del campo… a ver a un oculista…”. Luego le preguntó a Band: “¿Le parece lógico y aceptable —considerando la forma en que manejaban esos campos— que la dejaran salir?”. Band respondió: “Creo que cuando alguien está enfermo o le pasa algo, le dan permiso para salir. No tenían médicos, es decir, especialistas, allí. El campo era un lugar bastante primitivo. De modo que fue [a ver al oculista]…”. Epps preguntó: “Pero fue extraño que pudiera salir del campo, ¿no es cierto?”. Band respondió: “Fue bastante extraño”.

Band también le explicó a Epps que ella y Vinciguerra habían ido a Boston poco después de la guerra para tomar Instrucción de Clase Primaria de la Ciencia Cristiana con el Cnel. Robert Ellis Key, CSB. Después de la clase, Vinciguerra vivió en Londres durante varios años.14

En la época en que habló con Epps, Band firmó una declaración dando fe del relato de Vinciguerra, declarando que tenía conocimiento personal de esas experiencias y confirmando que “los detalles de su declaración son correctos”.15

Antes de que el testimonio de Vinciguerra pudiera publicarse en Un siglo de curación, debía ser corroborado por personas que conocieran las experiencias de Vinciguerra o pudieran dar fe de su integridad. En consecuencia, además de Band otras dos personas fueron contactadas. Naomi Price era una practicista de la Ciencia Cristiana que había conocido a Vinciguerra en 1947, aproximadamente en la misma época en que se afilió a Novena Iglesia de Cristo, Científico, Londres. En 1965 Price escribió lo siguiente:

Quisiera que quedara bien claro que no puedo personalmente dar fe de los hechos del relato de las experiencias de Vinciguerra antes de que ella viniera a Inglaterra. Obviamente, hay en el relato varios incidentes que ella me contó, pero yo nunca le pregunté respecto a ellos ni la animé a que hablara de ellos. Cuando la guerra terminó no había prácticamente ningún europeo que no hubiera tenido experiencias extraordinarias, riesgosas y mentalmente desgarradoras. Como Científicos Cristianos lo que nos importaba era la curación de las heridas mentales y físicas. Para hacer esto con eficacia uno aprendía a guiar el pensamiento a dejar de contemplar las situaciones de guerra. En consecuencia, no ha de sorprender que buena parte del relato de Vinciguerra sea nuevo para mí.

Price sostuvo que Vinciguerra le había contado que había ido a ver al oculista de Wiesbaden y que él le había dado Ciencia y Salud. También recordaba que le había oído contar “cómo ella salió del campo de prisioneros de guerra” y algunas de las experiencias posteriores. Price agregó: “La Sra. Vinciguerra es una persona singular, inteligente y dinámica, y ha tenido muchas experiencias fuera de lo común”.16

La practicista de la Ciencia Cristiana Helen Beamish fue una conocida más reciente de Vinciguerra, quien en 1965 vivía en California. Beamish, quien había refrendado el testimonio publicado en Un siglo de curación, escribió que conocía a Vinciguerra desde hacía 8 años y había escuchado por primera vez su relato “hace unos pocos años y lo que ella contó es casi exactamente lo mismo que dice la versión escrita que le dieron a usted”. Agregó que “durante un largo tiempo no pudo hablar de su experiencia, pues la consideraba sagrada. Creo que yo fui una de las primeras personas en saber de su testimonio aquí. Pienso que es una mujer muy capaz y está alerta para proteger su maravillosa demostración”.17

Verificar el relato de Vinciguerra ha sido sin duda una tarea difícil. Aunque ella dio los nombres de tres personas que la conocían y podían dar fe de su integridad, ninguna de ellas fue testigo ocular de la mayoría de los incidentes que narró. Solo Maria Band la conoció en Viena durante el tumultuoso período asociado a su testimonio.

Vinciguerra permaneció en Londres hasta 1950, año en que viajó a San Francisco para tomar parte en un curso de enfermería de la Ciencia Cristiana en la Christian Science Benevolent Association de la Costa del Pacífico. Se quedó allí 11 meses, pero no terminó el curso.18 Siguió viviendo en Estados Unidos y adquirió la ciudadanía estadounidense en 1957.

En 1953 asistió a la Asamblea Anual de La Iglesia Madre en Boston. Estando en Boston, dio un testimonio acerca de sus experiencias durante la guerra en una reunión vespertina de los miércoles en La Iglesia Madre. DeWitt John, por entonces Jefe de la División de Noticias & Radiales del Comité de Publicación, le pidió que grabara su testimonio, para quizás usarlo en el programa radial How Christian Science Heals [Cómo cura la Ciencia Cristiana], que sería lanzado poco tiempo después. Clayton Bion Craig, integrante de La Junta Directiva de la Ciencia Cristiana, también le habló de su testimonio y consideró que era “maravilloso”.19

Pero pasarían otros diez años antes de que Vinciguerra presentara la grabación de audio de 1963 que se transformó en la base de su relato en Un siglo de curación. Según la carta que acompañó a su testimonio, en 1953, cuando se le pidió que grabara sus experiencias “iba a salir de Boston a la mañana siguiente y no me sentía preparada para hablar de ellas en público, pero ahora sí”.20

El testimonio de Adrienne Vinciguerra permaneció en Un siglo de curación por la Ciencia Cristiana hasta que el libro dejó de publicarse. Aún está a la venta en muchas Salas de Lectura de la Ciencia Cristiana. Quedan aún muchas preguntas por responder acerca de este intrigante relato y su contexto histórico. La Biblioteca los mantendrá informados a medida que obtengamos más información.


Lea una transcripción (en inglés) del relato grabado de Adrienne Vinciguerra de 1963, que sirvió de base para su testimonio en Un siglo de curación por la Ciencia Cristiana, aquí (PDF).

Lea las notas (en inglés) de B. Crandell Epps en su conversación telefónica de 1965 con Vinciguerra aquí (PDF).


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  1. Un siglo de curación por la Ciencia Cristiana (Boston: The Christian Science Publishing Society, 1971), 130-139.
  2. “Lily Mabel Vinciguerra”, Índice de Solicitudes y Reclamaciones de Seguridad Social de los Estados Unidos, 1936-2007, https://www.ancestry.com/discoveryui-content/view/21242070:60901?tid=&pid=&queryId=5cf85acc45ad5aeaaf5e3eb37c59d3e4&_phsrc=TUO1&_phstart=successSource, retrieved 2/12/2021. Vinciguerra modificó su nombre de nacimiento, pero no su apellido, varias veces en el correr de las décadas.
  3. Más adelante Hartmann se convertiría en un reconocido crítico musical en Viena. Ver Bakk Sabine Nebenführ, “Parteimedien in Krisenzeiten. Eine kritische Diskursanalyse der ‘Arbeiter-Zeitung’, ‘Das kleine Volksblatt’ und ‘Österreichische Volksstimme’ während des Ungarischen Volksaufstandes 1956 und Prager Frühling 1968”. Marzo de 2010, Tesis, 167.
  4. Un siglo de curación, 130.
  5. Transcripción de la cinta de grabación a Vinciguerra de noviembre de 1963, 1, caja 36743, carpeta 66013. El Stalag 17A estaba situado cerca de Kaisersteinbruch, a unos 50 kilómetros de Viena.
  6. “Telephone Conversation Crandell Epps and Mrs. L. Adrienne Vinciguerra, June 22, 1965” [Conversación telefónica entre Crandell Epps y la Sra. L. Adrienne Vinciguerra, 22 de junio de 1965], 6-7, caja 36743, carpeta 66013.
  7. Constantin Joffé, transcripción. Jacques Le Clerq, We Were Free [Éramos libres] (New York: Smith & Durrell, Inc., 1943).
  8. Orville Prescott, “Books of the Times” [Libros de los tiempos], The New York Times, 31 de mayo de 1943, 15. Prescott aludiendo a dichos de Joffé. We Were Free, 72-73.
  9. Un siglo de curación, 130-131.
  10. Epps trabajaba en la oficina que supervisaba a los capellanes militares de la Ciencia Cristiana, pero aparentemente el Comité de Publicación —la oficina de información pública de la iglesia de Cristo, Científico— le encomendó trabajar con Vinciguerra.
  11. “Telephone Conversation Crandell Epps and Mrs. L. Adrienne Vinciguerra, June 22, 1965”, 7.
  12. Un siglo de curación, 132.
  13. Transcripción de la grabación de audio de noviembre de 1963, 4, caja 36743, carpeta 66013; “Telephone Conversation Crandell Epps and Mrs. L. Adrienne Vinciguerra, June 22, 1965”, 22 de junio de 1965, 7-8.
  14. “Verification of Mrs. L. Adrienne Vinciguerra’s testimony: Crandell Epps and Miss Maria Band, June 11, 1965” [Verificación del testimonio de la Sra. L. Adrienne Vinciguerra: Crandell Epps y Maria Band, 11 de junio de 1965], caja 36743, carpeta 66013. Cuando Vinciguerra se afilió a La Iglesia Madre en 1947, se dio a conocer como la Sra. Lily Vinciguerra y declaró que su dirección era 12 Randolph Ave., London W9, Inglaterra. Su solicitud fue aprobada por Marjorie L. Gilmour, CS, y refrendada por Evelyn F. Heywood, CSB.
  15. Maria Band, “Verification: Testimony of Healing Submitted by Mrs. L. Adrienne Vinciguerra, June 11, 1965” [Verificación: Testimonio de curación presentado por la Sra. L. Adrienne Vinciguerra, 11 de junio de1965], 11 de junio de 1965, caja 36743, carpeta 66013.
  16. Naomi Price a David Sleeper, carta, 23 de julio de 1965, caja 36743, carpeta 66013.
  17. Helen Beamish a David Sleeper, carta, 2, 23 de julio de 1965, caja 36743, carpeta 66013.
  18. William H. Waite a David E. Sleeper, memorando, 4 de agosto de 1965, caja 36743, carpeta 66013.
  19. Vinciguerra volvió a referirse al encuentro de 1953 en su carta a DeWitt John del 29 de noviembre de 1963, caja 36743, carpeta 66013. Mencionó a Craig en la “Telephone Conversation Crandell Epps and Mrs. L. Adrienne Vinciguerra, June 22, 1965”, 10.
  20. Vinciguerra a DeWitt John, 29 de noviembre de 1963. La cinta de grabación ya no existe; probablemente le fue devuelta a Vinciguerra.