El enfoque de Mary Baker Eddy sobre el tiempo y el clima

3 de noviembre de 2026

Escrito por Stephen Graham de La Biblioteca Mary Baker Eddy
Descripción de la imagen: fotografía en blanco y negro de una nevada escena rural en Nueva Inglaterra. Por el centro atraviesa un camino rural, por el que pasa un carruaje tirado por dos caballos. Al fondo, dos grandes casas asentadas sobre una colina, con un cerco que separa las propiedades. La ladera tiene algunos árboles dispersos, y se ve un denso bosque a lo lejos.

Foto tomada en invierno desde la casa de Mary Baker Eddy en Concord, New Hampshire, sin fecha, P06550.

Este artículo se presentó el 20 de agosto de 2024 en la vigésima primera conferencia anual de la Asociación Europea para el Estudio de las Religiones (EASR por sus siglas en inglés), en Gotemburgo, Suecia. El tema de la conferencia fue: “Naturaleza, ecología y respuestas religiosas al cambio climático”.

 

¡Estoy encantado de estar aquí hoy! Este artículo se titula “El enfoque de Mary Baker Eddy sobre el tiempo y el clima”.

Para quienes quizá no lo sepan, Mary Baker Eddy fundó la Iglesia de Cristo, Científico, a finales del siglo XIX (la cual, por cierto, no tiene ninguna relación con la Iglesia de la Cienciología). Pronto hablaré más sobre la biografía de ella.

Hay tres puntos principales que me gustaría transmitirles hoy:

  1. Mary Baker Eddy creía que existe una conexión entre el razonamiento metafísico y la mejora del mundo físico.
  2. Consideraba que, mediante la oración, se podían obtener resultados científicos.
  3. Vio el papel de la acción individual y colectiva para enfrentar las amenazas medioambientales desde una perspectiva espiritual.

Para empezar: un caso práctico

En un gélido día de enero de finales de la década de 1890, un granjero del estado estadounidense de New Hampshire se encontraba en una situación desesperada. En medio del frío brutal, su pozo se había secado. Sus vacas estaban dejando de producir leche y él luchaba por derretir suficiente hielo y nieve a fin de proporcionarles agua para sustentarse.

Mary Baker Eddy, la fundadora de la Ciencia Cristiana, se enteró de esto. Este hombre era un vecino que vendía leche a la Sra. Eddy y ella, sin duda, quería ayudarlo. Pero su solución no tenía nada que ver con un cambio en el clima o el derretimiento del hielo. En respuesta a las difíciles circunstancias del granjero, simplemente declaró con una sonrisa: “¡Oh! Si tan solo él supiera… El Amor llena ese pozo”.1

Mary Baker Eddy, una mujer con considerable fama nacional como líder religiosa ya por entonces, no se refería a una mera emoción al decir Amor. Ni estaba trivializando una situación peligrosa. Sino que detrás de su concepto del término Amor subyacía toda una vida de oración y estudio de las Escrituras. En su opinión, Amor era sinónimo de Dios.2

Clara Shannon, la mujer que había alertado a Mary Baker Eddy de la situación del granjero, advirtió en varias ocasiones que a la Sra. Eddy oraba por el medioambiente con resultados notablemente beneficiosos. En una reminiscencia publicada en 1927, describió lo que le sucedió después a ese granjero:

A la mañana siguiente, cuando el granjero trajo la leche, estaba muy contento… Esa mañana temprano, al salir a atender el ganado, el hombre encontró el pozo lleno de agua y, a pesar del día frío y cruel y de todo el hielo y la nieve alrededor, el pozo rebosaba de agua. Dijo que debía haber sido resultado de las oraciones de la Sra. Eddy. Ella debe haber hecho algo al respecto, pues lo que sucedió fue un milagro. Aunque él no era Científico [Cristiano], sentía una gran reverencia por la Sra. Eddy.3

Mary Baker Eddy estaba convencida de que ninguna circunstancia física adversa podía estar fuera del alcance de una solución metafísica. Si bien la Ciencia Cristiana es conocida principalmente por declarar que sana a las personas de enfermedades, ella vio que podía ser práctica para abordar todas las necesidades humanas, tanto agudas como crónicas. En última instancia, creía que las soluciones fiables a los problemas del mundo radicaban en el ámbito metafísico. Por decirlo de otra forma, vio que la percepción de la verdad espiritual, en sus propias palabras, “determina lo externo y verdadero”.4

Dicho de otro modo, aquel día en New Hampshire, el granjero y Clara Shannon, la ayudante de Mary Baker Eddy, creyeron que su conocimiento de Dios como Amor omnipresente ejemplificaba el tipo de oración que la Sra. Eddy esperaba que produjera de manera confiable un efecto armonizador, proporcional a la necesidad inmediata.

Biografía y antecedentes

Nacida en Nueva Inglaterra en 1821, Mary Baker Eddy creció en el seno de una familia cristiana devota que asistía a la iglesia congregacional, donde la Biblia era el centro de la vida diaria. La mala salud crónica, la viudez y la pobreza la llevaron finalmente a una situación desesperada. El 1 de febrero de 1866, a los 44 años, sufrió heridas graves tras una caída sobre el hielo y se pensó que moriría. Fue entonces cuando las anteriores décadas de búsqueda de soluciones médicas y espirituales, culminaron con una recuperación repentina de esas heridas, que pareció milagrosa a los que la rodeaban. Ocurrió cuando ella acudió a la Biblia y leyó una de las curaciones de Jesús.5

Durante los siguientes tres años, estudió las Escrituras buscando una comprensión mejor para poder explicar lo que la había sanado. Llegó a identificar las leyes divinas que sustentaban las curaciones de Jesús y sus discípulos, y en ocasiones se refirió a estas como «científicas», en el sentido de que, cuando se aplican de forma sistemática, los resultados eran predecibles. También confiaba en que podía enseñar su método a otros y que estos podrían sanar de la misma manera.6

En 1875, publicó un libro de texto para explicar la Ciencia Cristiana (Ciencia y Salud con la Llave de las Escrituras), y se dedicó durante las siguientes tres décadas a establecer una iglesia que, poco a poco, se expandió por todo el mundo. Cuando falleció en 1910, era una de las mujeres más famosas de Estados Unidos.

Un referente

Ante todo, Mary Baker Eddy esperaba que quienes estudiaban la Ciencia Cristiana fueran sanadores motivados y comprometidos, en el sentido más amplio del término. Para ella, esto implicaba cuidar y beneficiar a todo el planeta.7 Según Stephen Gottschalk, historiador de la religión estadounidense, “el propósito de la iglesia que Mary Baker Eddy y sus estudiantes fundaron en 1879 era restaurar ‘el maravilloso poder sanador de la bondad’ al cristianismo contemporáneo”. Continuó explicando este contexto:

Revivir la calidez y el poder del cristianismo primitivo era también el motivo de otras denominaciones religiosas estadounidenses: la forma en que muchos grupos protestantes definían su propósito fundamental. Para los fundadores de los Discípulos de Cristo, esto significaba restaurar los patrones de culto de la iglesia primitiva. Para los bautistas, significaba un retorno a la autoridad indiscutible de la Biblia y al bautismo de los creyentes. Para los metodistas, significaba un renovado énfasis en el papel del amor en la vida cristiana, la recuperación de los “poderes vivificantes de renovación” del cristianismo apostólico. Para los pentecostales de principios del siglo XX, significaba el nuevo influjo del Espíritu Santo, incluido el don de lenguas que caracterizó el Día de Pentecostés y también el renacimiento de la curación apostólica.

“Sin embargo”, concluyó Gottschalk, “ninguna de estas denominaciones tomó el trabajo de curación de la iglesia primitiva como su referente del cristianismo primitivo que necesitaba ser restaurado”.8

Relevancia hoy en día

Entonces, ¿qué podría haber dicho Mary Baker Eddy sobre el temor actual a una crisis climática, en términos de curación? ¿Cómo podrían abordar sus enseñanzas de una forma práctica las amenazas del efecto del aumento de las temperaturas de los océanos y del nivel del mar? ¿De la reducción de los casquetes polares? ¿Del aumento de las olas de calor, las inundaciones y los huracanes? ¿Qué respuesta válida creen los Científicos Cristianos que ofrece su religión a las complejas cuestiones atmosféricas y geopolíticas de hoy en día?

Las convicciones de Mary Baker Eddy respecto a Dios, la oración, el tiempo y el clima se derivaban de su cristianismo. Como estudiante de la Biblia, había leído en las Escrituras hebreas relatos de las súplicas de los profetas a Dios en tiempos de sequía. Conocía bien las historias del Antiguo Testamento de cómo Moisés encontró el agua necesaria para vivir en el desierto y de cómo Elías oró con éxito para que lloviera durante una sequía.9 Y se refirió en repetidas ocasiones a cómo Cristo calmó una tempestad en el Mar de Galilea.10 Sin embargo, Mary Baker Eddy, a diferencia de otros, llegó a la conclusión de que esos acontecimientos no fueron milagrosos ni estaban limitados al pasado. En su lugar, clasificó éstos como ejemplos de la ley divina en funcionamiento en la tierra, que anula las leyes de la naturaleza y de la física.

En una ocasión se citó que decía: “El tiempo expresa nuestro concepto de él y puede manejarse como cualquier otra pretensión, si no se le considera algo separado de uno mismo, o gobernado por otro poder o calendario. Dios gobierna todo. Esta es la manera en que Jesús calmó la tempestad”.11 Para la Sra. Eddy, toda mejora genuina de la condición humana, por pequeña o grande que fuera, debía comenzar con una transformación del pensamiento, del enfoque y de la perspectiva, y debía ser impulsada por una fuerza que trascendiera la mera inteligencia humana. Admiraba una buena educación y valoraba especialmente el razonamiento sólido, incluso se refería a la razón como “la facultad humana más activa”.12 Pero ella subordinaba la inteligencia humana a una iluminación independiente del cerebro, a la expresión espiritual directa de cada individuo de lo que ella llamaba “la Mente divina”, otro nombre con el que identificaba a Dios.13 Esto se apoyaba en su interpretación de que somos hijos de Dios, creados a imagen de Dios, como recoge Génesis 1.14

Muchas personas y religiones reconocerían la utilidad que la inspiración puede tener para superar la adversidad e incluso para mejorar las cosas. Pero Mary Baker Eddy fue más allá. Vio una conexión directa entre el pensamiento y la experiencia que, en definitiva, paso a paso, se vería como no limitada por las fuerzas físicas amenazantes. Y estaba convencida de que esto se podía probar, basándose en la declaración bíblica de que “para Dios, todo es posible”.15

Irving C. Tomlinson fue un pastor universalista. Estudió la Ciencia Cristiana con Mary Baker Eddy y trabajó como personal de su casa durante varios años. Irving describió el enfoque de Mary Baker Eddy acerca del clima de esta forma:

La Sra. Eddy nos enseñó que las condiciones meteorológicas no están fuera del control de Dios y que pueden corregirse mediante la oración correcta. Fue muy clara al afirmar que los Científicos Cristianos no deben intentar controlar o gobernar el clima. Debemos saber que Dios gobierna el clima y ninguna otra influencia puede afectarlo. Dijo que debemos ser especialmente vigilantes para protegernos de los efectos destructivos de las tormentas.16

Si bien Mary Baker Eddy sentía que Dios gobierna el clima, nunca declaró que Dios envía el mal o la destrucción. Pero ¿habría esperado ella que las personas pudieran ayudar a mitigar los efectos de algo tan monumental como los temores climáticos actuales centrando sus pensamientos en Dios? Básicamente, sí, y esa reorientación interna estaba destinada a producir cambios externos. Ella no presentó la Ciencia Cristiana como algo destinado solo a la comodidad personal, para que se practicara con motivos egoístas o para ser explotada. Respecto al debate sobre las motivaciones humanísticas y post-humanísticas para intervenir en el cambio climático,17 pienso que ella habría destacado como algo de gran importancia una preocupación sincera por el bien común, marcada por el amor honesto al prójimo y por un profundo respeto por el bienestar de la flora y la fauna del mundo, y mucho más. Mary Baker Eddy reflexionaba extensamente acerca del planeta y creía que contenía lecciones importantes.

“La naturaleza proclama la ley natural y espiritual y el Amor divino, pero la creencia humana malinterpreta la naturaleza”, escribió. “Las regiones árticas, los trópicos soleados, las montañas gigantescas, los vientos alados, las olas poderosas, los valles verdes, las flores festivas y los cielos gloriosos, todos señalan a la Mente [otro término para referirse a Dios], la inteligencia espiritual que reflejan. Los apóstoles florales son jeroglíficos de la Deidad. Los soles y planetas enseñan grandiosas lecciones. Las estrellas embellecen la noche, y las pequeñas hojas giran naturalmente hacia la luz”.18

La naturaleza de la creación

Este llamamiento a ver la tierra metafísicamente reconoce la naturaleza de la creación de Dios como ella entendió que la Biblia la presentaba: una búsqueda de la evidencia de que, como dice el Génesis, “vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera”.19

Mary Baker Eddy no habría visto una crisis climática como un castigo de Dios por la explotación de la humanidad. La Ciencia Cristiana no incluye conceptos de aniquilación mundial catastrofista o apocaliptica. Puede que ella coincidiera con puntos de vista de otros teólogos constructivos como Catherine Keller, puesto que en Ciencia y Salud declaró: “Ningún juicio final espera a los mortales, pues el día del juicio de la sabiduría viene a toda hora y continuamente, esto es, el juicio por el cual el hombre mortal es despojado de todo error material. En cuanto al error espiritual, no hay ninguno”.20 Ella creía firmemente que el comportamiento pecaminoso o errado debía ser expuesto, expiado y redimido. Pero en términos de escatología, su teología está desprovista de una deidad iracunda que castiga a la humanidad por su comportamiento destructivo o pecaminoso.

La atmósfera de pensamiento

Mary Baker Eddy consideraba que todo el mundo, y no solo los Científicos Cristianos, podía y debía mejorar su ambiente mental continuamente, y que esto resultaría en una mejora del ambiente físico. Enfatizaba la importancia de vigilar las condiciones y la calidad del pensamiento y de las acciones. Mantenía que las motivaciones perjudiciales, destructivas o disruptivas debían ser redimidas mediante una comprensión más clara de la verdad divina. De este modo, veía a cada individuo con el privilegio de desempeñar un papel significativo en la solución de los problemas del mundo, en lugar de verse abrumado por su inmensidad.

A veces, los Científicos Cristianos han destacado en carreras en ciencias naturales, y ella habría respetado y valorado las mejores motivaciones de cualquier científico o teólogo; incluidas las de los que acudían a sus conferencias, por ser compatibles con su enfoque humanitario.

La correspondencia de la Sra. Eddy se conserva en las colecciones de La Biblioteca Mary Baker Eddy en Boston, Massachusetts. Estos documentos, y sus otros escritos, indican que ella consideraba que las fuerzas climatológicas destructivas podían ser sensibles de mejora a través de la oración. En noviembre de 1900, hizo una declaración que apareció en el periódico The Boston Globe. Concluía de esta manera: “… la atmósfera de la mente humana, cuando se limpie del yo y esté imbuida de Amor divino, reflejará este estado subjetivo en cielos más claros, menos rayos, tornados y extremos de calor y frío”.21

Un enfoque de soluciones basado en valores

Una de las mayores iniciativas de Mary Baker Eddy fue fundar un periódico internacional en 1908: The Christian Science Monitor. Le asignó la misión de: “no dañar a nadie, sino bendecir a toda la humanidad” y “difundir indivisa la Ciencia que opera sin agotarse”.22 Su intención era que el Monitor fuera un periódico real, dirigido al público y, a través de un periodismo factual y un análisis imparcial, promover un pensamiento más claro, enfocado en la oración y orientado a las soluciones. Cuando empezó a publicarse en 1908, el primer jefe de redacción del Monitor describió su periodismo como un “llamamiento a todos los hombres y mujeres en todas partes interesados en la mejora de todas las condiciones humanas y en el avance moral y espiritual de la raza”.23 Mary Baker Eddy vio el Monitor como uno de los mayores regalos de su iglesia para solucionar los problemas a una escala mundial. Como dijo el biógrafo Robert Peel: “Idealmente, ningún aspecto del panorama humano estaba fuera del alcance de su ámbito de curación”.24 El Monitor ha ganado varios Premios Pulitzer hasta la fecha. El debate sobre el cambio climático ha sido cubierto con regularidad. Además del activismo político, el Monitor ha estado resaltando historias de cómo la gente joven en todo el mundo ha estado dando forma a una nueva manera de pensar para encontrar soluciones a lo que ellos quizá ven como una crisis climática.25

En una entrevista por Zoom, el Redactor Mark Sappenfield26 me contó cómo el Monitor nota una tendencia de cobertura alarmista o conspiracional y, en respuesta, intenta invitar a todas las partes a conversar, identificando valores comunes y la comprensión mutua como el mejor camino hacia el cambio. En vez de alimentar motivaciones basadas en el miedo, buscan involucrar a una masa analítica de lectores para identificar un nuevo pensamiento e innovación, de los cuales surjan respuestas.

“Si Dios nos dotó de inteligencia”, me dijo Sappenfield, “entonces ningún problema debería ser mayor que la capacidad de Dios para solucionarlo y nuestra capacidad para reflejar la inteligencia de Dios. Buscamos dónde se estaban expresando estas cualidades en todo el mundo. No hay lugar donde no se estén expresando, y de ahí es de donde vendrán las respuestas”. Él no considera el progreso principalmente como una cuestión de tecnología, sino más bien en centrarse y magnificar los valores que impulsan a las personas y a las naciones hacia adelante, incluyendo la compasión, la cooperación, la igualdad, la esperanza, la resiliencia, el respeto, la responsabilidad, la seguridad, la transformación y la confianza.

Conclusión:

Mary Baker Eddy vivió en una época en la que los descubrimientos científicos y la industrialización produjeron cambios monumentales en todo el mundo, comprimiendo los límites de espacio y tiempo. A veces veía estos avances como evidencias del progreso de la humanidad desde lo material hacia lo espiritual. En otras, advertía contra el materialismo emergente. Consideraba que las respuestas a los problemas de la humanidad, incluidas las complejas crisis mundiales, emanarían de una comprensión más clara de un creador bueno y omnipotente. En el contexto de esta afirmación, creo que ella no habría sido reacia a animar a la gente a orar y tomar medidas de forma activa en respuesta a los temores climáticos, con la expectativa de que esto tuviera efectos beneficiosos a corto y largo plazo.

Stephen Graham es Director Senior de Programas y Comunicaciones en la Biblioteca Mary Baker Eddy.


Este artículo también se puede leer en este sitio web en alemán, francés, inglés y portugués.

  1. Clara Shannon, “Golden Memories”, 1927, Reminiscencia, 32-33.
  2. Véase, por ejemplo, Mary Baker Eddy, Ciencia y Salud con la Llave de las Escrituras (Boston: Christian Science Board of Directors), 2.
  3. Clara Shannon, “Golden Memories”, 33.
  4. Mary Baker Eddy, Ciencia y Salud, 254.
  5. Véase Mary Baker Eddy, Retrospección e Introspección (Boston: Christian Science Board of Directors, 24-25.
  6. Véase Mary Baker Eddy, Ciencia y Salud, 109.
  7. Véase Marcos 16:15; Mary Baker Eddy. Ciencia y Salud, 37, 138, 342.
  8. Stephen Gottschalk, Rolling Away the Stone: Mary Baker Eddy”s Challenge to Materialism (Bloomington, IN: Indiana University Press, 2006), 321–322.
  9. Véase Números 20:10-11; 1 Reyes 17.
  10. Véase Marcos 4:35-41.
  11. We Knew Mary Baker Eddy, Expanded Edition, Vol. II [Conocimos a Mary Baker Eddy, edición ampliada, tomo II], (Boston: Christian Science Publishing Society, 2011), 327.
  12. Mary Baker Eddy, Ciencia y Salud, 327.
  13. Mary Baker Eddy, Ciencia y Salud, 469-471.
  14. Véase Génesis 1:26.
  15. Mateo 19:26.
  16. Irving C. Tomlinson, Twelve Years with Mary Baker Eddy [Doce años con Mary Baker Eddy], Edición ampliada, (Boston: Christian Science Publishing Society, 1996), 269.
  17. Los enfoques humanísticos sobre el cambio climático enfatizan la responsabilidad, la razón y la acción humanas para resolver las crisis medioambientales, centrándose a menudo en el bienestar y prosperidad humanos. Por el contrario, las perspectivas post-humanísticas desafían esto, argumentando que  centrarse en lo humano (el antropocentrismo) causó el Antropoceno, y abogan en su lugar por una visión relacional, ecológica y no jerárquica donde los humanos forman parte de una red de vida más amplia e interconectada.
  18. Mary Baker Eddy, Ciencia y Salud, 240.
  19. Génesis 1:31.
  20. Mary Baker Eddy, Ciencia y Salud, 291.
  21. Mary Baker Eddy, noviembre de 1900, A10137. Para una versión ligeramente editada de este texto, véase Mary Baker Eddy, La Primera Iglesia de Cristo, Científico, y Miscelánea (Boston: Christian Science Board of Directors), 264-265.
  22. Mary Baker Eddy, Miscelánea, 353.
  23. Erwin D. Canham, Commitment to Freedom: The Story of  The Christian Science Monitor (Boston: Houghton Mifflin Company, 1958), 39.
  24. Robert Peel, Mary Baker Eddy: The Years of Authority (Boston: Christian Science Publishing Society, 1977), 312.
  25. “The Climate Generation: Born into crisis, building solutions” [La Generación del Clima: Nacidos en medio de una crisis, creando soluciones]. The Christian Science Monitor, 2023–2024,  https://www.csmonitor.com/Environment/Topics/The-Climate-Generation.
  26. Christa Case Bryeant es Redactor del Monitor desde febrero de 2025; Mark Sappenfield es corresponsal extranjero senior en Berlín en la actualidad.