¿Cómo han respondido los Científicos Cristianos a los desastres naturales?

2 agosto 2021

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Primer servicio de la Ciencia Cristiana después del terremoto y los incendios, San Francisco, domingo, 29 de abril de 1903. P07543. Fotógrafo desconocido.

Nos solidarizamos con las personas de cualquier parte del mundo que se ven afectadas por desastres naturales como incendios, huracanes, inundaciones o terremotos. En estas situaciones, una de las cosas más importantes que hay que hacer es mantener la seguridad de las personas y sus comunidades. Al mismo tiempo, los informes sobre la valentía, el ingenio, la fortaleza y la compasión ante el peligro son muy alentadores.

Nos preguntamos qué podrían decirnos los archivos acerca de cómo los Científicos Cristianos han respondido a las catástrofes a lo largo de los años. ¡Los registros son considerables!

Descubrimos que The Christian Science Monitor ha informado constantemente sobre estos sucesos desde que Mary Baker Eddy lo fundó en 1908. Al mismo tiempo que ofrece cobertura desde el lugar de los hechos, el Monitor también ha informado acerca de las causas fundamentales y las soluciones posibles. Un editorial reciente, “After a megafire, what Paradise found” [Tras un megaincendio, lo que Paradise descubrió], ilustra esto. “No siempre es fácil aprender las lecciones correctas que deja una catástrofe”, observaba. “Lo usual es buscar a qué o a quién culpar, ya sea el cambio climático, las leyes de zonificación o las chispas de algún equipo eléctrico de las empresas de servicios públicos. Arreglar esos temas es crítico, pero es igualmente fundamental cambiar el pensamiento, tal como aprender a estar tranquilo cuando las llamas se acercan y estar atento a las necesidades de los vecinos”.1

Observamos muchos casos de calma y sentido común, al igual que un profundo cuidado por los demás en la vida de Mary Baker Eddy y la historia del movimiento que fundó. Ella estaba atenta a los desastres naturales y el sufrimiento que causaban, así como también a las suposiciones teológicas asociadas con ellas. Y vio la posibilidad de que el “cambio en el pensamiento” desempeñara un papel constructivo y reconstructivo. Eddy no creía que Dios enviaba los desastres naturales como castigo o los permitía como parte de un propósito divino. Por ejemplo, el 5 de junio de 1887 dio un sermón titulado “El Espíritu y la ley” que trataba sobre esas afirmaciones. Las notas de ese sermón se publicaron en The Christian Science Journal el mes siguiente. Luego se publicó en su libro Escritos Misceláneos 1883-1896.2

Mary Baker Eddy residía en Lynn, Massachusetts, cuando ocurrió el gran incendio del 9 y 10 de noviembre de 1872 que arrasó el centro de Boston, a solo 16 kilómetros de distancia. Más de una década después Susan H. Hall, con quien ella se escribía, recordó “el espantoso incendio de Boston” mientras describía los infortunios de su familia.3 Pero también impulsó las medidas de seguridad contra incendios. La Escritura de fideicomiso de 1892, que cedió terrenos en Boston de parte de Eddy a la Junta Directiva de la Ciencia Cristiana —donde se construiría una iglesia— observaba que “si dicho edificio se incendiara, los Directores deberán proceder inmediatamente a reconstruir la iglesia”.4 Y cuando se dedicó La Iglesia Madre Original a principios de 1895, cuatro artículos de los periódicos fueron publicados en el libro Pulpit and Press [Púlpito y prensa], el cual narra su construcción y dedicación, e informa con aprobación que la iglesia era tan “a prueba de fuego” como le era posible.5

Calamidades a gran escala formaban parte de un panorama que hacía que algunas personas recurrieran al mensaje sanador de la Ciencia Cristiana. En su libro Ciencia y Salud con la Llave de las Escrituras, Eddy aborda el problema espiritual que las catástrofes planteaban a la fe de la gente en Dios. Véanse, por ejemplo, pasajes como el que se encuentra al comienzo de la página 119, cerca del título marginal “Dilema ineludible”.6

Si bien los críticos afirmaban que los Científicos Cristianos ignoraban el mal y las catástrofes, las acciones de Mary Baker Eddy y sus seguidores con frecuencia contradecían esas afirmaciones. Encontramos evidencia de ello en sus obras publicadas y en la correspondencia, en biografías, en archivos de organización de La Iglesia Madre (La Primera Iglesia de Cristo, Científico) y en las revistas de la iglesia.

La misma Eddy contribuyó con fondos para ayudar a quienes se vieron afectados por terremotos, incendios y la Guerra de Secesión. Los Científicos Cristianos también estuvieron activos en este ámbito.

Por mucho, el huracán que azotó Galveston, Texas, el 8 de septiembre de 1900, sigue siendo considerado el desastre natural más grande que haya afectado a los EUA. Cuando Primera Iglesia de Cristo, Científico, Galveston, se reunió por primera vez en su reunión de testimonios después de esa tormenta, los miembros agradecieron por la oración que les había dado evidencias inmediatas de ayuda y protección.7 El edificio de la iglesia sobrevivió los vientos de 224 km/h, y la congregación pudo ofrecer los servicios religiosos la siguiente semana, además de ofrecer el uso del edificio “para cualquier denominación cuya iglesia haya sido tan dañada por la tormenta que no fuera apta para su uso”.8 La iglesia también votó por una resolución de agradecimiento “por los numerosos mensajes afectuosos, las amables consultas sobre la seguridad de sus miembros, y la importante ayuda recibida de parte de estimados Científicos Cristianos e iglesias de la Ciencia Cristiana…”.9

El terremoto de 1906 en San Francisco, California, junto con los incendios que le siguieron, arrasaron la creciente ciudad. Nos enteramos de que los Científicos Cristianos dentro y fuera del Área de la Bahía participaron en el socorro y la reconstrucción. Pueden leer acerca de ello aquí (en inglés). Miembros de distintas clases sociales, como Frank W. Gale y Sue Ella Bradshaw, dos practicistas pioneros y maestros de la Ciencia Cristiana, desempeñaron funciones importantes.

La respuesta a las catástrofes de parte del Movimiento de la Ciencia Cristiana de comienzos del siglo XX, a veces consistía en asignar las ofrendas, o la colecta, de los domingos de La Iglesia Madre a los grupos de socorro. La Iglesia Madre envió la colecta del domingo 9 de septiembre de 1923 en apoyo a las tareas de socorro, para la gente de todas las religiones luego de que un terremoto dañino sacudiera Tokio y Yokohama el 1º de septiembre. Por medio de un aviso en el Christian Science Sentinel, la Junta Directiva de la Ciencia Cristiana invitó a las iglesias filiales e individuos a enviar donativos para el trabajo de socorro en Japón.10 Después del tornado sin precedentes Tri-State del 18 de marzo de 1925, que asoló partes de Misuri, Illinois e Indiana, La Iglesia Madre volvió a utilizar las colectas de los domingos para ayudar con el trabajo de socorro. Esto se sumó a los $40.000 (equivalentes a $615.000 en 2021) que ya había donado la iglesia.11 Más a menudo, y en los años transcurridos desde entonces, La Iglesia Madre ha donado discretamente fondos para el auxilio en las catástrofes. Los archivos de la Biblioteca contienen cartas de agradecimiento de parte de la Cruz Roja y otros organismos humanitarios.

Los relatos de primera mano más exhaustivos de los Científicos Cristianos que lidiaron con catástrofes se encuentran en los artículos y testimonios de las revistas de la Ciencia Cristiana. Un prominente relato es el del teniente C. H. Lightoller de la Reserva de la Marina Real, quien sobrevivió el hundimiento del SS Titanic en 1912. Puede leer acerca de ello aquí (en inglés).

Muchos otros relatos han contado las experiencias de los autores en situaciones menos conocidas pero igualmente difíciles. Por ejemplo, en 1951 Eunice Molton, de Los Ángeles, California, contó cómo se encontró con un incendio forestal que amenazaba la granja de un amigo. “Alguien dijo: ‘Esto es demasiado grande para nosotros’”, escribió. “De inmediato declaré: ‘No es más grande que Dios’”.12 Algunos testificantes mencionaron la protección que tuvieron contra el daño en relatos más amplios de curación.13 En 1977 una niña exploradora escribió acerca de cómo oró cuando el campamento de verano al que asistía fue evacuado debido a una alerta de incendio.14 Otros contaron las ideas simples que tuvieron por medio de la oración, que los ayudaron a enfrentar crisis tales como la pérdida del hogar, de seres queridos y del sustento debido a calamidades repentinas.

Las revistas de la Ciencia Cristiana publican artículos sobre una variedad de temas, donde en general se destaca cómo aplicar las enseñanzas de la Biblia y los escritos de Mary Baker Eddy a toda clase de problemas. Artículos sobre protección contra el peligro han aparecido sin cesar. Uno de ellos es “Seguridad” (“Safety”), escrito por Blanche Hersey Hogue, practicista y maestra de la Ciencia Cristiana de Portland, Oregon. Se publicó originalmente en el número de diciembre de 1937 del Christian Science Journal y en El Heraldo de la Ciencia Cristiana en línea en octubre de 2017. Es de particular interés porque incluye un caso donde se aplicaron las enseñanzas de la religión durante un incendio. El artículo puede leerse en español aquí.

Otros artículos y testimonios relacionados con los desastres naturales y las catástrofes pueden encontrarse realizando una búsqueda en el sitio Web JSH-Online, con palabras tales como peligro, incendio, incendio forestal, desastre natural, protección, a salvo y seguridad. Estos ofrecen una idea de las formas en que los Científicos Cristianos han sido afectados por las catástrofes, y han lidiado con ellas, a lo largo de la historia del movimiento.


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  1. “After a megafire, what Paradise found” [Tras un megaincendio, lo que Paradise descubrió], The Christian Science Monitor, 11 de septiembre de 2020, https://www.csmonitor.com/Daily/2020/20200911?cmpid=ema:ddp:20200911:1114116:read&sfmc_sub=13813265&id=1114116#1114116.
  2. Mary Baker Eddy, Escritos Misceláneos 1883-1896 (Boston: The Christian Science Board of Directors), 256-259.
  3. Susan H. Hall a Eddy, 12 de diciembre de 1884, 674b.74.023.
  4. Eddy, Manual de La Iglesia Madre (Boston: The Christian Science Board of Directors), 132.
  5. Mary Baker Eddy, Pulpit and Press [Púlpito y prensa] (Boston: The Christian Science Board of Directors), 25, 57, 70, 75.
  6. Eddy, Ciencia y Salud con la Llave de las Escrituras (Boston: The Christian Science Board of Directors), 119.
  7. “Wednesday Evening Meeting at Galveston, Tex.” [Reunión vespertina de los miércoles en Galveston, Texas], Christian Science Sentinel, 1 de noviembre de 1900.
  8. “Among the Churches” [Entre iglesias], Sentinel, 20 de septiembre de 1900.
  9. “Among the Churches”, Sentinel, 8 de noviembre de 1900.
  10. La Junta Directiva de la Ciencia Cristiana, “Announcement” [Anuncio], Christian Science Sentinel, 22 de septiembre de 1923, 70.
  11. Junta Directiva, “Contributions” [Contribuciones], Sentinel, 4 de abril de 1925, 610; “Collections and Tornado Relief” [Colectas y socorro por el tornado], Monitor, 23 de marzo de 1925, 1; “Relief Calls from Tornado Area Answered” [Respuesta al pedido de socorro en la zona del tornado], Monitor, 19 de marzo de 1925, 1.
  12. Testimonio, Eunice Moulton, Sentinel, 24 de noviembre de 1951.
  13. Véase, a modo de ilustración, el testimonio de Persis E. Zuber (en inglés), The Christian Science Journal, diciembre de 1967.
  14. Testimonio, Julie Miles con colaboración de Pamela Ludlam Miles, Sentinel, 12 de marzo de 1977.