¿Le importaba a Mary Baker Eddy el medio ambiente?

¿Le importaba a Mary Baker Eddy el medio ambiente?

En los tiempos de Eddy, “ecologista” significaba exclusivamente una persona que creía en la influencia del ambiente sobre la herencia. En otras palabras: la influencia de la educación adquirida en relación a la naturaleza. La primera vez que se usó el término “ecologista” para referirse a alguien que se preocupa por la naturaleza no fue sino hasta 1916. En el siglo XIX la palabra “naturalista” se aproximaba más a lo que hoy entendemos por ecologista, aunque con frecuencia tenía connotaciones seculares: a menudo se entendía que los naturalistas buscaban explicaciones en el mundo natural, en vez de en el espiritual.

Aunque Eddy no se ajusta a la imagen de una ecologista de su época, se interesaba mucho en el medio ambiente. Amaba los animales y la naturaleza, y creía que la belleza del mundo natural era un reflejo de la belleza y grandeza de Dios.

Eddy pasó los primeros quince años de su vida en una granja en Bow, Nuevo Hampshire; su padre, Mark Baker, cultivaba más de doscientas hectáreas de tierra de la familia. De adulta describiría el lugar con nostalgia como “amplios campos de cereales inclinándose y ondeando con gracia bajo los rayos del sol, huertos de manzanas, melocotones, peras y cerezas… resplandecientes pastos verdes llenos de bayas, el canto de los arroyuelos, preciosas flores silvestres y… grandes rebaños de ovejas y vacas”.1

Sentía un afecto especial por los animales de la granja. Para más información acerca del amor de Eddy por los animales, sírvase ver esta publicación (solo en inglés y francés): http://www.marybakereddylibrary.org/research/mary-baker-eddy-animals/.

Pleasant View, el hogar de Eddy en Concord, Nuevo Hampshire, era una finca agrícola. Además de cerdos y vacas, había una huerta y un huerto de manzanas. Los trabajadores, tanto los domésticos como los jornaleros locales, recogían y almacenaban las verduras que se usaban en la cocina. Cuando el personal había recogido lo suficiente para cubrir sus necesidades, se invitaba a los vecinos a recoger más manzanas. Gracias a los meticulosos registros escritos de Calvin Frye, sabemos que en varias ocasiones se cultivaron guisantes, remolachas, patatas, cebollas, espárragos, fresas, manzanas, melocotones, avena, centeno y heno. En un campo llamado “Jones field” se sembró centeno en 1901, y luego se cosechó con la ayuda de los caballos de tiro Nelly y Jerry. Al año siguiente, el campo fue arado para pastoreo, pero el centeno de esa cosecha duró hasta que Eddy y su personal dejaron Pleasant View en 1908.2 Tales actividades de subsistencia eran típicas en los hogares de la época; Eddy no consideraba necesariamente que su casa era una granja, sino un lugar de privacidad y refugio, rodeado y sustentado por su tierra.

Además de ser bien conocida por el cultivo de alimentos, Pleasant View también era conocida por sus flores. En la propiedad había un invernadero mantenido por un florista de Concord y, cada primavera, John Salchow y August Mann plantaban vastos canteros de diferentes flores alrededor de la propiedad, especialmente entre la casa y el establo. Salchow mencionó que a Eddy le encantaban sobre todo las rosas, y que él se esforzó por plantar un “maravilloso jardín de rosas”. También estaba orgulloso de los canteros de tulipanes y decía que “la mitad de Concord venía a Pleasant View para verlos; a veces había unas trescientas o cuatrocientas personas allí durante el día admirando los tulipanes”.3 También había árboles ornamentales en los jardines; Eddy admiraba particularmente un sauce llorón que había junto a la fuente “que extendía sus ramas como un abanico verde”.4

El amor de Eddy por la naturaleza también se evidencia en sus escritos. A menudo usaba metáforas de la naturaleza para explicar sus ideas. En Ciencia y Salud escribió:

El instinto es mejor que la razón mal dirigida, como lo declara la naturaleza misma. La violeta alza sus ojos azules para saludar la primavera temprana. Las hojas aplauden cual adoradoras incansables de la naturaleza. El pinzón de las nieves canta y se remonta entre ráfagas de viento; no tiene catarro por haberse mojado las patas, y consigue una residencia de verano con más facilidad que un nabab. La atmósfera de la tierra, más benigna que la atmósfera de la mente mortal, le deja a esta el catarro. Los resfriados, la tos y el contagio son engendrados únicamente por las teorías humanas.5

Más adelante en Ciencia y Salud extiende la misma metáfora:

La naturaleza proclama la ley natural y espiritual y el Amor divino, pero la creencia humana interpreta mal la naturaleza. Las regiones árticas, los trópicos soleados, las montañas gigantescas, los vientos alados, las olas poderosas, los valles verdes, las flores festivas y los cielos gloriosos, todos señalan a la Mente, la inteligencia espiritual que reflejan. Los apóstoles florales son jeroglíficos de la Deidad. Los soles y planetas enseñan grandiosas lecciones. Las estrellas embellecen la noche, y las pequeñas hojas giran naturalmente hacia la luz.6

Hoy en día, muchas personas en el mundo sienten el amor por el medio ambiente que Mary Baker Eddy manifestó con tanta energía durante toda su vida. Incluso se podría decir, por su cultivo de los campos de Pleasant View, que ella “comía productos locales”. Sin embargo, no estaba interesada en tendencias y expresiones de moda; simplemente mostraba el mismo amor yanqui sensato del mundo a su alrededor que caracterizó toda su vida.

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  1. Mary Baker Eddy, Retrospección e Introspección (Boston: La Primera Iglesia de Cristo, Científico, 1901), 4.
  2. Rem. John Salchow, 17.
  3. Ibíd., 18.
  4. Ibíd., 19.
  5. Mary Baker Eddy, Ciencia y Salud con la Llave de las Escrituras (Boston: Las Obras de Mary Baker Eddy, 1906), 220.
  6. Ibíd., 240.