¿Es verdad que Churchill le pidió a un grupo de Científicos Cristianos británicos que oraran?

12 febrero 2020

¿Le importaba a Mary Baker Eddy el medio ambiente?

Miembros de la Marina Real inglesa cargan en un camión una mina magnética alemana desarmada, hacia 1939. E. D. Webb. Cortesía de la Asociación de Oficiales Buzos para la Instalación y Remoción de Minas de la Marina Real.

Hemos recibido consultas acerca de si el primer ministro Winston Churchill alguna vez obtuvo el apoyo por medio de la oración de un grupo de Científicos Cristianos durante la Segunda Guerra Mundial.

No hay pruebas de que Churchill haya hecho esa petición. No obstante, Peter J. Henniker-Heaton, un Científico Cristiano inglés, más tarde contó una experiencia que quizá sea el origen de esta historia.

En noviembre de 1939, un “oficial” anónimo de la Marina Real le pidió a tres o cuatro Científicos Cristianos, entre ellos, Henniker-Heaton y su esposa Rose, que oraran en respuesta a una amenaza específica.1 En esa época, la fuerza aérea alemana lanzaba minas magnéticas en el estuario del Támesis. Aunque habían barrido los puertos en buscas de minas, durante septiembre y octubre “casi una docena de buques mercantes fueron hundidos”.2

En su charla “Nuestra época y su futuro”, ofrecida en 1971 en la reunión bienal de la Organización Universitaria en La Iglesia Madre, Henniker-Heaton dijo:

Recuerdo un día de noviembre [en 1939] a comienzos de la Segunda Guerra Mundial. El arma secreta de los naziz [sic] era una mina magnética. Mes a mes esta mina creaba un bloqueo en los puertos al este y sudeste de Gran Bretaña. Seis barcos se hundieron en el Támesis en una sola noche.

 

A la mañana siguiente, un oficial del Almirantazgo, responsable de lidiar con este peligro, llamó por teléfono a tres o cuatro Científicos Cristianos, y con urgencia les pidió que “hicieran lo suyo”. Cada uno de los Científicos Cristianos oró a su manera, y sin duda otros también oraron. En nuestro hogar nos aferramos al verdadero simbolismo del magnetismo establecido por la Sra. Eddy: “Sólo hay una atracción real, la del Espíritu. La aguja que apunta hacia el polo simboliza este poder que todo lo abarca o la atracción de Dios, la Mente divina”. Esto no dejó lugar para la atracción destructiva.

 

Sir Winston Churchill completa la historia en su libro Cómo se fraguó la tormenta. El 22 de noviembre, el día al que me refiero, “entre las 21:00 y 22:00” —para usar las palabras de Churchill— “la fortuna estuvo de nuestro lado” con una “oportunidad única”.

 

Lanzaron una mina magnética sobre un banco de arena, que amortiguó el golpe, dejándola expuesta y sin explotar. La examinaron y rápidamente se diseñó un dispositivo antiminas. Después de eso, la mina magnética no fue más que una molestia insignificante.3

En noviembre de 1939, Churchill se convirtió en primer lord del Almirantazgo de la Marina Real, y superó en rango al “oficial” al que hizo referencia Henniker-Heaton. No hemos podido determinar la identidad de ese oficial.

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  1. Peter J. Henniker-Heaton, “Our Times and Their Future” [Nuestra época y su futuro], 17 de julio de 1971, Archivos de la Iglesia, caja 201344471, carpeta 201344528, 6-7.
  2. Winston S. Churchill, The Second World War: The Gathering Storm [La Segunda Guerra Mundial: Cómo se fraguó la tormenta] (Cambridge, MA: Houghton Mifflin Company, 1948), 505.
  3. Peter J. Henniker-Heaton, “Our Times and Their Future” [Nuestra época y su futuro], 17 de julio de 1971, Archivos de la Iglesia, caja 201344471, carpeta 201344528, 6-7.