¿Tiene El jardín secreto alguna relación con la Ciencia Cristiana?

11 febrero 2022

The Secret Garden book cover (Cropped)
¿Era Frances Hodgson Burnett una Científica Cristiana? ¿Es posible encontrar la influencia de las enseñanzas de la Ciencia Cristiana en su novela popular El jardín secreto?

Nota para quienes no leyeron El jardín secreto: ¡Este artículo contiene spoilers!

The Secret Garden book cover

Tapa de El jardín secreto, cerca de 1911. Cortesía de la Biblioteca del Congreso, División Libros Raros y Colecciones Especiales.

Frances Eliza Hodgson nació el 24 de noviembre de 1849 en Cheetham, Manchester, Inglaterra. Su familia emigró a los Estados Unidos en 1865, y ella comenzó su carrera como escritora a los 19 años escribiendo historias para revistas. Se casó con Swan Burnett en 1873, con quien tuvo dos hijos: Lionel y Vivian. Tras pasar dos años en París, los Burnett volvieron a los Estados Unidos y se establecieron en Washington, DC, donde ella comenzó una exitosa carrera como novelista, escribiendo tanto para niños como para adultos. La primera de sus novelas para niños, El pequeño Lord, se publicó en 1886.

A comienzos de los años 1880, Frances Hodgson Burnett se interesó en la Ciencia Cristiana y en la curación por medio de la mente (que evolucionó hacia el Movimiento del Nuevo Pensamiento), el espiritismo y la teosofía. Su interés en estas corrientes pudo haber sido causado por su lucha de toda la vida contra la depresión y la “postración nerviosa”.

Según su hijo, Vivian, durante este período Frances Hodgson Burnett tomó un curso de estudio de metafísica con una ex Científica Cristiana, Anna B. Newman.1 En marzo de 1881 Newman había estudiado con Mary Baker Eddy, la fundadora de la Ciencia Cristiana, pero más tarde ese mismo año dejó el Movimiento de la Ciencia Cristiana. La correspondencia que Eddy y varios Científicos Cristianos intercambiaron durante la década de 1880 indica que ellos pensaban que la práctica y las enseñanzas de Anna Newman no estaban de acuerdo con la Ciencia Cristiana auténtica. Sin embargo, aparentemente Frances Hodgson Burnett tenía una opinión favorable acerca de la Ciencia Cristiana, aunque nunca se afilió a ninguna iglesia ni organización de la Ciencia Cristiana.

En 1890, el hijo de Burnett, Lionel, murió de tuberculosis a los 16 años. Durante esa década ella vivió por un rato en Inglaterra, y en 1898 se divorció de su marido. En 1900 se casó con Stephen Townsend, pero dos años después, ese matrimonio también terminó en divorcio. Su última residencia estaba en el Condado de Nassau, en el Estado de Nueva York. Falleció allí en 1924 y fue sepultada en el Cementerio de Roslyn, Greenvale, Nueva York. Su hijo Vivian se convirtió en Científico Cristiano y se afilió a La Iglesia Madre (La Primera Iglesia de Cristo, Científico) en 1918. Más tarde se hizo miembro de la Primera Iglesia de Cristo, Científico, de Great Neck, Nueva York. El artículo de Vivian “Unity in Church Building” [Unidad al edificar la iglesia] se publicó en el Christian Science Sentinel del 12 de diciembre de 1931. El año siguiente, su poema “Ved la misericordia que Dios a todos da” se publicó como himno en la versión inglesa del Himnario de la Ciencia Cristiana.

Frances Hodgson Burnett publicó la primera edición de El jardín secreto en inglés en 1911. Durante muchos años algunas personas creyeron que ella era Científica Cristiana y que era posible encontrar enseñanzas de la Ciencia Cristiana en esta novela. Pero en realidad el libro no contiene ninguna enseñanza que represente específicamente la Ciencia Cristiana tal como la enseñó Mary Baker Eddy. Más bien, el lector puede encontrar indicios claros del Nuevo Pensamiento, la filosofía oriental (posiblemente vista a través de la lente de la teosofía) y el espiritismo.

El jardín secreto cuenta la historia de Mary Lennox, una niña malcriada y enfermiza que pasa los primeros años de su niñez en la India: “Tenía el rostro enjuto, un cuerpecito escuálido, el cabello ralo y apagado y una expresión avinagrada. Tenía el pelo rubio y la piel cetrina porque había nacido en la India y se había pasado la vida enferma por un motivo u otro. … cuando Mary cumplió seis años, se había convertido en la niña más egoísta y tirana que se pueda imaginar”.2 Tras la muerte de sus padres, Mary es enviada a vivir con su amargado tío, Archibald Craven, en una mansión llamada Misselthwaite Manor, construida 600 años atrás, que tenía cerca de 100 habitaciones y estaba situada en un extremo de un páramo inglés. Después de que la esposa de Craven muriera trágicamente diez años antes, él ordenó que el jardín amurallado que ella amaba se cerrara de manera permanente y se enterrara la llave de la puerta. Craven pasaba buena parte del tiempo viajando y rara vez estaba en su casa.

Un día Mary Lennox llega a Misselthwaite Manor y finalmente se encuentra, en una de las habitaciones, con Colin, el hijo de Craven, un niño también malcriado y enfermizo. Archibald Craven y sus sirvientes piensan que Colin está debilitado, que se le está desarrollando una joroba y que moriría antes de llegar a la edad adulta. Durante el curso de la novela, tanto Mary Lennox como Colin llegan a tener una excelente salud gracias a los poderes sanadores de la naturaleza, la repetición y el canto de palabras positivas, y conectándose con poderes inexplicados de la mente a los que ellos llaman “magia”.

Mary y Colin tienen acceso a los poderes sanadores de la naturaleza mediante un niño de la comunidad llamado Dickon, hermano de una niña sirvienta que cuida de Mary. Dickon pasa sus días en el páramo, es muy saludable y tiene una afinidad natural por las plantas y los animales. Mary y Colin se hacen amigos de Dickon, quien los anima a pasar tiempo al aire libre, apreciando la belleza y los aspectos del mundo natural que favorecen la salud. Uno de los lugares en los que realizan estas actividades es el Jardín Secreto, después de que Mary encuentra la llave enterrada. Al pasar más tiempo al aire libre, la salud de todos mejora.

En el caso de Colin, estar al aire libre no es lo único necesario para el mejoramiento de la salud. Él descubre que debe reemplazar sus pensamientos negativos acerca de sí mismo por pensamientos positivos. Esto se logra repitiendo muchas frases y pensamientos positivos, en los que declara que sus piernas son fuertes, que es perfectamente saludable y otros por el estilo. Mary cuenta historias que oyó cuando era niña en la India acerca de “faquires” (adeptos y yoguis de quienes se dice que tienen inmensos poderes mentales que utilizan para controlar sus propios cuerpos). Hay referencias al espiritismo y a la reencarnación.

Es cierto que Colin proclama que lo que está haciendo para mejorar su salud es “científico”. Pero en ninguna parte de El jardín secreto hay nada que designe o sugiera la Ciencia Cristiana como sistema teológico o metafísico. De hecho, no se menciona la Ciencia Cristiana en el libro. Tampoco hay ninguna referencia a Jesús ni al cristianismo, ni a que la curación cristiana llega a través del poder y la luz de un Dios infinito, que disipa la oscuridad de las creencias falsas que son la raíz de la debilidad, la mala salud y los rasgos de carácter negativos. Tampoco hay ninguna referencia al hecho de que Jesús fue la encarnación humana del Cristo eterno “que viene a la carne a destruir el error encarnado”3 o a que el Cristo sigue hoy en día “viniendo a la carne” en su misión salvadora y sanadora.

Es cierto que los personajes de El jardín secreto llegan a la conclusión de que el temor es un elemento que causa su mala salud, y que debe superarse. Esta es una enseñanza de la Ciencia Cristiana, pero es también una característica de las enseñanzas del Nuevo Pensamiento. Hay sólo un lugar, más adelante en la novela, después de que Dickon es persuadido a cantar la Doxología, donde se sugiere vagamente que la “magia” que practican los personajes podría indicar la existencia de un poder más elevado, a semejanza de Dios.

Cerca del final del libro, Colin habla del futuro que ve para sí mismo como “descubridor científico”. Esto lo hace en términos que parecen referirse a las enseñanzas de la curación por la mente o el Nuevo Pensamiento, más bien que a la Ciencia Cristiana.

“Los grandes descubrimientos científicos que voy a realizar estarán relacionados con la magia”, prosiguió. “La magia es algo muy importante de lo que casi nadie sabe nada, salvo lo poca que se menciona en algunos libros antiguos. Mary también sabe un poquito, porque nació en la India, la tierra de los faquires. Y creo que Dickon también sabe algo al respecto, aunque quizá no sea consciente de ello. Hechiza a los animales y a las personas. Jamás le habría permitido viniera a verme si no hubiera sido un encantador de animales, lo cual significa que también es un encantador de niños, porque un niño es como un animalillo. Estoy convencido de que hay magia en todas partes, lo que pasa es que nos faltan los conocimientos necesarios para aprehenderla y utilizarla en nuestro provecho, tal y como hacemos con la electricidad, el vapor y los caballos”.4

En el número de junio de 1885 de The Christian Science Journal, Mary Baker Eddy articuló su sentido de las diferencias entre la curación por la mente y la Ciencia Cristiana:

Si Dios no gobierna la acción de la Mente, la acción es discordante. Si Él la gobierna, la acción es Ciencia. Suprímase la teología de la curación mental y se suprime su ciencia, relegándola a una ‘curación por la mente’, nada más ni nada menos que una mente humana gobernando a otra, admitiéndose así que hay más de un Dios, si se acepta que Dios es Mente. Al no tener un concepto verdadero de la Teología sanadora de la Mente, no es posible comprender ni demostrar su Ciencia, y se pondrá en práctica la creencia que se tenga acerca de ella en nombre de la Verdad.5

A pesar de la popularidad de El jardín secreto —aun entre algunos Científicos Cristianos— el eclecticismo espiritual de Frances Hodgson Burnett se hace eco de las enseñanzas del Nuevo Pensamiento, la teosofía y el espiritismo. La obra no contiene ni la teología ni la metafísica específicas de la Ciencia Cristiana.


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  1. Vivian Burnett, The Romantick Lady: The Life Story of an Imagination [La dama romántica: La historia de la vida de una imaginación] (New York: Scribners, 1927), 146.
  2. Frances Hodgson Burnett, El jardín secreto (Madrid: ANAYA Infantil y Juvenil, 2019), 1, 2.
  3. Mary Baker Eddy, Ciencia y Salud con la Llave de las Escrituras (Boston: The Christian Science Board of Directors), 583.
  4. Burnett, El jardín secreto, 299.
  5. Mary Baker Eddy, “Questions and Answers” [Preguntas y respuestas], The Christian Science Journal, junio de 1885, 50. Ella está contestando la pregunta: “¿Ayuda la teología de la Ciencia Cristiana a la curación?”. (Véase también Escritos Miscelaneos 1883-1896, 58, 59, por Mary Baker Eddy.)