Mujeres que marcaron la historia: Miyo Matsukata

¿Le importaba a Mary Baker Eddy el medio ambiente?

Shokuma y Miyo Matsukata. Foto de Kaneichiro Imai. Gentileza de Machiko Romaine.

Miyo Matsukata (1891-1984) fue una de las primeras japonesas en hacerse Científica Cristiana. Dedicada a llevar adelante una religión nueva en su país de adopción, ella recurrió a su fe y a sus antecedentes interculturales tan únicos al enfrentar la oposición a una religión occidental y las dificultades de la Segunda Guerra Mundial.

Nacida en la Ciudad de Nueva York de padres japoneses, ella y su hermano mayor estuvieron entre los primeros nisei (segunda generación de japoneses) en la costa este de los Estados Unidos. Su niñez estadounidense fue pautada por los veranos que pasaba con sus abuelos en Japón. A los 21 años, ella se mudó a ese país y se casó con Shokuma Matsukata, hijo de un prominente político japonés.1 A Miyo le resultó difícil aclimatarse a una nueva cultura, y luchaba con las tradiciones y costumbres de la vida japonesa, al punto de que su salud se vio afectada.2

La familia Matsukata, alrededor de 1927. Gentileza del patrimonio de Miye Matsukata a través de Mimi Oka.

En 1917, cuando la práctica de la Ciencia Cristiana se limitaba mayormente a los occidentales, Matsukata acompañó a una amiga a una conferencia de la Ciencia Cristiana que dio Clarence Chadwick en Yokohama.3 4 5 Ella escribió: “¡Qué esperanza y alegría se despertaron en mí cuando me di cuenta de que la Ciencia Cristiana tenía un Principio divino!”.6 Como resultado, ella comenzó su propio estudio de la Ciencia Cristiana. En aquella misma época, otras dos mujeres japonesas —Sute Mitsui y Tatsuo Takaki— también aprendieron individualmente sobre la Ciencia Cristiana. Las tres se transformaron en dedicadas estudiantes de la religión, a pesar de que “desafiaba muchas costumbres rígidas” y que su práctica en ese período “requería de valor, así como de tacto, paciencia, sabiduría y amor”.7 Ellas recurrieron a Florence E. Boynton, una Científica Cristiana de los Estados Unidos que era maestra de escuela, para que las ayudara a estudiar a ellas y a sus hijos.8 De acuerdo con Matsukata, Boynton “hizo mucho para preparar el terreno, para sembrar buena semilla y luego cuidar del crecimiento de esa semilla”.9

Alrededor de 1924, Matsukata y su esposo hospedaron a Frances Thurber Seal, que estaba de visita en Japón, quien anteriormente había ayudado a introducir la Ciencia Cristiana en Alemania. Por medio de Seal, ella se enteró de las escuelas para Científicos Cristianos en los Estados Unidos (The Principia, en Missouri, y Principia College, en Illinois). Con el tiempo, todos los jóvenes estudiantes de Boynton, incluso los hijos de Matsukata, fueron a estudiar a esas instituciones.10

La Ciencia Cristiana se estaba diseminando lentamente en Japón, fortaleciéndose por medio de los esfuerzos de varias familias japonesas interconectadas. El primer grupo informal de Científicos Cristianos comenzó a reunirse en 1924. La Iglesia Madre en Boston (La Primera Iglesia de Cristo, Científico) los reconoció en 1931 como Sociedad de la Ciencia Cristiana, Tokio.11 Factores culturales y de lenguaje hicieron difícil la traducción de muchos términos al japonés, y en aquella época la gente solo podía estudiar la Ciencia Cristiana en inglés. Esto limitaba su crecimiento, puesto que la población en general no hablaba inglés y no estaba familiarizada con el cristianismo.12 Matsukata atribuía la capacidad que tenía de comprender el descubrimiento y los logros de Mary Baker Eddy a su educación en Nueva Inglaterra y su exposición a las ideas puritanas.13

No obstante, el desafío más grande que enfrentaba este naciente grupo japonés vino durante la Segunda Guerra Mundial. Antes de que Estados Unidos entrara en guerra, Japón comenzó a limitar las influencias y actividades occidentales. La Sociedad de Tokio se disolvió en 1941, anticipando una ley que requería que todas las denominaciones cristianas se unieran bajo la “Iglesia Cristiana de Japón”. Si bien los occidentales como Florence Boynton regresaron a sus países de origen, los servicios de la Ciencia Cristiana continuaron secretamente en la casa de Matsukata hasta el bombardeo de Tokio, en abril de 1942.14

Takashi Oka

Takashi Oka, década de 1940. Gentileza de Mimi Oka y Takashi Oka.

Siguió un período de aislamiento, en el cual muchos Científicos Cristianos japoneses se sintieron desconectados del mundo y en particular de La Iglesia Madre. Matsukata inicialmente sintió ese distanciamiento. Pero posteriormente ella escribió que, mientras leía “Existir es desenvolvimiento constante” —un artículo por Mary Sands Lee publicado en inglés en el número de enero de 1941 del Christian Science Journal, y publicado en español en línea en El Heraldo de la Ciencia Cristiana el 28 de octubre de 2013— ella se sintió impactada por la declaración de que “el progreso divino es universal, tanto como individual”. Matsukata más tarde señaló que esto le recordó que “nada podía separarme del Amor divino”,15 y que la ayudó a renovar el sentimiento de que estaba conectada durante la guerra. Takashi Oka, quien fue corresponsal del Christian Science Monitor, era alumno de la Escuela Dominical en Tokio cuando comenzó la guerra. Él después recordaba que Matsukata tenía un fuerte sentido de unidad con La Iglesia Madre. Ella pudo ayudar a superar los sentimientos de separación de otros Científicos Cristianos japoneses recolectando secretamente literatura de la Ciencia Cristiana que unos amigos suecos enviaban bajo protección diplomática a Widar Bagge, el Ministro Sueco, quien vivía en la casa de al lado de los Matsukatas.16

El fin de la guerra en 1945 reanudó el contacto de los Científicos Cristianos japoneses con el mundo exterior. Las madres como Matsukata, cuyos hijos habían permanecido en los Estados Unidos en Principia College, pudieron comunicarse con ellos por primera vez en cuatro años. Científicos Cristianos occidentales llegaron como miembros de las fuerzas de ocupación, capellanes militares, corresponsales del Monitor y trabajadores voluntarios. Una vez más, la gente en Japón pudo practicar abiertamente la Ciencia Cristiana junto a nuevos amigos, con una variedad de experiencias para compartir.17 La familia de Matsukata organizó una fiesta para la Navidad de 1945 a la que el escritor Emi Abiko llamó “el primer rayo de esperanza en lo que, de otro modo, hubiera sido un ambiente deprimente”.18

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Científicos Cristianos japoneses y estadounidenses, Navidad de 1945. Gentileza de Mimi Oka y Takashi Oka.

Matsukata publicó un testimonio en el número de junio de 1969 del Journal, señalando los beneficios de la Ciencia Cristiana para sus hijos. Al referirse específicamente a los momentos de enfermedad, ella escribió que “cada caso fue sanado con eficacia y siempre nos dio una mejor comprensión de la curación-Cristo”.19 Ella fue uno de los primeros Científicos Cristianos japoneses que anunció su práctica sanadora en el Journal, la cual desarrolló desde 1947 hasta su fallecimiento en 1984.20 Durante esos años, ella vio crecer su religión en Japón más allá de sus comienzos insulares. Eso incluyó la publicación de la primera edición japonesa de la revista El Heraldo de la Ciencia Cristiana, en 1962, así como la traducción al japonés de Ciencia y Salud con la Llave de las Escrituras, por Mary Baker Eddy en 1976; particularmente importante al permitir que los estudiantes de la Ciencia Cristiana de habla japonesa estudiaran el libro de texto en su idioma materno por primera vez.

Matsukata y sus colegas establecieron las bases para esos y otros hitos. En palabras de Emi Abiko, ellos dejaron “un legado precioso para las futuras generaciones”.21

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  1. Haru Matsukata Reischauer, Samurai and Silk: A Japanese and American Heritage [Samurai y seda: una herencia japonesa y americana] (Cambridge, Massachusetts: Belknap Press, 1986), 245, 250-251.
  2. Miyo Matsukata, “History of the Church Universal as Unfolded in Tokyo, Japan” [Historia de la Iglesia universal tal como se desarrolló en Tokio, Japón], 7, Church Archives, Box 42561 Folder 285752.
  3. Emi Abiko, A Precious Legacy: Christian Science Comes to Japan [Un precioso legado: La Ciencia Cristiana llega al Japón] (Boston: E.D. Abbott Company, 1978), 14-15.
  4. Matsukata, “History of the Church Universal”, 7
  5. Abiko, A Precious Legacy, 14, 23.
  6. Matsukata, “History of the Church Universal”, 7
  7. Abiko, A Precious Legacy, 10-11, 16.
  8. Abiko, A Precious Legacy, 17, 40.
  9. Abiko, A Precious Legacy, 17, 40.
  10. Abiko, A Precious Legacy, 29.
  11. Abiko, A Precious Legacy, 22-23.
  12. Abiko, A Precious Legacy, 24, 102-104
  13. Miyo Matsukata, “In the Christian Science textbook…” [En el libro de texto de la Ciencia Cristiana…], The Christian Science Journal, June 1969, 321.
  14. Abiko, A Precious Legacy, 69-71.
  15. Matsukata, “History of the Church Universal”, 14-15.
  16. Takashi Oka, “The power of love for church in wartime” [El poder del amor para la iglesia en tiempos de guerra], The Christian Science Journal, May 2003, 10.
  17. Abiko, A Precious Legacy, 85-87.
  18. Abiko, A Precious Legacy, 89.
  19. Matsukata, “In the Christian Science textbook…”, 321.
  20. Abiko, A Precious Legacy, 14.
  21. Abiko, A Precious Legacy